Muchas cosas han cambiado en las últimas semanas. Justo después de que Biden se viera finalmente obligado a abandonar la carrera presidencial y apoyara a Kamala Harris como su sucesora, el Partido Demócrata recibió una descarga en el brazo. Han sido capaces de crear una nueva expectación en torno a Harris. Los medios de comunicación son menos críticos con ella y ha recibido más apoyo en las redes sociales. Como resultado, los demócratas han recibido un impulso en la recaudación de fondos, con unos 200 millones de dólares en la primera semana de campaña de Harris.

Muchos líderes del Partido Demócrata y simpatizantes en los medios de comunicación intentan crear entusiasmo ahora que Harris está en la carrera. En comparación con Biden, que obviamente está luchando física y mentalmente, no se puede negar que Harris es más joven, más enérgica y mucho más aguda. Si ganara, sería la primera mujer y la primera mujer de color en ser presidenta en una sociedad profundamente plagada de sexismo y racismo.

Así pues, es comprensible que algunas personas se sientan entusiasmadas con la candidatura de Harris. Pero, ¿representa realmente Kamala Harris un gran cambio? ¿Representa Harris realmente algo diferente a lo de siempre? De hecho, Harris no se presenta como la próxima candidata demócrata porque represente un giro frente a las políticas de la administración Biden. No, ella ha sido propuesta precisamente porque representa la continuación de estas políticas. Es lo mismo de siempre.

¿Representará Harris un cambio para los millones de palestinos bombardeados por Israel con armamento estadounidense? Por supuesto que no. Es tan cómplice como Biden de apoyar el genocidio de Israel. Al igual que Biden, ha apoyado de boca para afuera un alto el fuego, ha pronunciado algunas palabras sobre las vidas de palestinos inocentes, pero lo hace al mismo tiempo que su administración transfiere a Israel todas las armas que necesita para llevar a cabo esta masacre.

Y porlos derechos de los inmigrantes, los trabajadores indocumentados y los refugiados que buscan desesperadamente sobrevivir en la frontera sur, no tiene nada que ofrecer. Ni siquiera tiene palabras amables que decir. Como vicepresidenta, salió temprano en los titulares por decir a los inmigrantes “no vengan” a EE.UU. porque serían capturados, detenidos y no tendrían ninguna posibilidad de establecerse en EE.UU.

Harris podría transmitir un mensaje más claro que Biden, pero representa al mismo partido y las mismas políticas. Esto no es un cambio.

No hay nada que nos entusiasme en estas elecciones. Para que eso ocurra, tendríamos que empezar a ver que realmente se defienden los intereses de los trabajadores. Esto significaría imponer impuestos a los enormes beneficios de los bancos y las empresas, y a la riqueza de los multimillonarios, y utilizar ese dinero para cosas como la alimentación, la vivienda, la sanidad y la educación. Significaría gastar los billones de dólares que se malgastan en el ejército en cosas que la gente realmente necesita, como transporte público gratuito para todos. Significaría poner fin a la destrucción del medio ambiente. Significaría el fin inmediato del apoyo estadounidense a Israel. Significaría todo esto y mucho más.

Pero la verdad es que nada de lo que necesitamos vendrá de ninguno de los dos partidos. Ni los demócratas ni los republicanos representan los intereses de los trabajadores. Pueden tener sus diferencias y tratar de complacer a distintos sectores de la población. Pero tienen mucho más en común. Defienden el mismo sistema, que representa los intereses de una pequeña minoría de la población, los que poseen los bancos y las grandes corporaciones. Trump y los republicanos tratan de culpar de los problemas de este sistema a chivos expiatorios, y aprueban leyes que atacan a los inmigrantes o a las personas LGBTQ+, u otros. Y los demócratas pueden criticar estas políticas desde los márgenes, pero defienden diligentemente el mismo sistema que ataca a todas las personas trabajadoras. Cuando se trata de defender el derecho de los ricos a explotar a la población trabajadora, a dominar y controlar todos los aspectos de nuestra sociedad y a utilizar el ejército para defender los intereses económicos de EE.UU. en todo el mundo, no podrían estar más de acuerdo.

Lo que necesitamos nunca vendrá de ellos. A pesar de este nuevo entusiasmo por Harris, no podemos confiar en ninguno de los dos partidos. Los únicos que podemos defender nuestros intereses, los intereses de los trabajadores, somos nosotros mismos. Los trabajadores somos la mayoría de la sociedad, y juntos tenemos la capacidad de cambiar la sociedad en nuestro propio interés y acabar con esta sociedad gobernada por los ricos. Y eso sería algo por lo que entusiasmarse.

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