El martes 17 de septiembre, el gobierno israelí extendió su reino del terror por todo el Medio Oriente en una nueva ola de ataques contra Líbano. Cientos de aparatos buscapersonas y radios portátiles explotaron simultáneamente en dos días sucesivos en Líbano, hiriendo a unas 3.000 personas. Hubo muertos, personas que perdieron ojos y dedos y sufrieron heridas en la cara, las manos y el cuerpo. ¡Esto es terrorismo!

Los principales medios de comunicación y funcionarios del gobierno de EE.UU. no denuncian estos atentados dirigidos contra miembros de Hezbolá, partido político islamista y grupo paramilitar libanés. La naturaleza indiscriminada de estas explosiones ha matado y herido a muchos civiles, incluidos niños.

Esta violencia sólo puede entenderse como terrorismo de Estado patrocinado por Israel. Los informes señalan a la agencia de espionaje israelí, el Mossad, como responsable de la introducción de explosivos en buscapersonas y dispositivos meses antes de los atentados, mientras esperaban su autorización para entrar en Líbano. Oficiales de Hezbolátambién han declarado que en estos dispositivos se colocaron bolas de metal diseñadas para maximizar los efectos de las explosiones, con el fin de agravar las heridas.

A estos atentados siguieron amplios ataques aéreos israelíes en todo Líbano, que han causado centenares de muertos. Muchos de estos ataques se produjeron en zonas residenciales. Los hospitales libaneses están desbordados. Los residentes de todo el país temen, y con razón, la posibilidad de nuevos ataques.

Mientras tanto, Israel ha continuado su arremetida de ataques contra los palestinos. Sus bombardeos continúan ininterrumpidamente en barrios y supuestas «zonas humanitarias» de toda Gaza, matando a civiles, incluidos mujeres y niños. Israel también ha intensificado sus incursiones en la Cisjordania, lo que ha provocado más asesinatos y agresiones contra palestinos.

Incluso según las normas de las Naciones Unidas, el aumento de los métodos de destrucción utilizados por el Estado israelí viola el derecho internacional ( a pesar de que estas leyes son rutinariamente ignoradas). Dichas leyes prohíben el uso de bombas trampa disfrazadas de objetos inofensivos y cometer actos violentos con la intención de sembrar el terror entre la población civil.

El desenfreno del gobierno israelí se intensifica y su frente de guerra se amplía. Los políticos de Líbano e Irán se preparan para un conflicto más amplio, y el embajador iraní ante las Naciones Unidas afirma que Israel ha «cruzado la línea roja».

Los intereses de quienes detentan el poder en Israel no son nuevos y no deberían sorprendernos. Sus recientes ataques masivos forman parte de una agenda de larga data para expandir su control sobre la región, todo mientras afirman actuar en defensa propia. Esta agenda cuenta con el apoyo de Estados Unidos, que proporciona miles de millones de dólares de impuestos y ayuda militar a Israel, motivado por los intereses en la región rica en petróleo y estratégicamente importante. El presidente Joe Biden ha pedido un alto el fuego, pero también ha indicado que «nos queda camino por recorrer», al tiempo que sigue enviando armas y aportando fondos.

Los votantes estadounidenses están legítimamente indignados al ver cómo se desarrolla este genocidio, pero casi todos los políticos que se presentan a las elecciones insisten en la necesidad de apoyar a Israel. Sus acciones contradicen cualquier compromiso real de poner fin al sufrimiento, mientras mantengan sus intereses en Oriente Medio.

El pueblo libanés, junto con muchos otros en todo el Medio Oriente, reconocen que su lucha es compartida con el pueblo palestino – hecho aún más claro por estos últimos ataques. La devastación causada por Israel, con el respaldo de EE.UU., persistirá a menos que haya una resistencia considerable contra sus acciones.

Son los trabajadores y los pueblos oprimidos de Medio Oriente y de todo el mundo las víctimas de esta violencia. Los regímenes imperialistas del mundo nos llevan a estas guerras eternas para su propio beneficio.

Debemos mostrar nuestra solidaridad con el pueblo palestino y organizarnos contra nuestros opresores comunes. Debemos trabajar para acabar de una vez por todas con este sistema explotador. Nuestras vidas dependen de ello.

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