¡Todos a la calle por el Primero de Mayo — ¡No a la normalidad de siempre!

Este viernes, 1 de mayo, los trabajadores de todo el mundo celebrarán el Primero de Mayo, también conocido como el Día Internacional de los Trabajadores. Y en EE. UU., hay un llamado nacional a la protesta masiva contra todos los ataques de la administración Trump bajo el lema «¡Ni trabajo, ni escuela, ni normalidad de siempre!». Hay al menos 3,500 manifestaciones diferentes planeadas en más de 1,000 ciudades de todo el país.

No faltan razones para salir a la calle. Cada día se intensifican sus ataques contra los trabajadores. Los matones del ICE siguen aterrorizando a los trabajadores inmigrantes en todo el país. Los programas de los que dependen millones de personas están siendo destrozados, desde la salud, la educación y la ayuda alimentaria hasta las medidas de protección ambiental y la investigación científica. Nuestros recursos están yendo directamente a manos de los multimillonarios a través de recortes fiscales de billones de dólares, aumentos masivos al presupuesto de ICE y para financiar las guerras de EE. UU. e Israel contra los pueblos de Palestina, Irán, Líbano y todo el Medio Oriente.

El Primero de Mayo surgió de las luchas de los trabajadores en EE. UU. para mejorar sus condiciones de vida y de trabajo durante la década de 1880, cuando los trabajadores comenzaron a organizarse por una jornada laboral de ocho horas bajo el lema «¡Ocho horas para trabajar, ocho horas para dormir, ocho horas para lo que queramos!». Eligieron el 1 de mayo de 1886 como día nacional de huelga, que estalló en todo el país, involucrando a 340 000 trabajadores en 12 000 lugares de trabajo, con muchas huelgas que terminaron en enfrentamientos con la policía. En Chicago —el centro del movimiento en ese momento— la policía mató a varios trabajadores en las manifestaciones e hirió a unos 70. Pero este movimiento de costa a costa logró que muchos trabajadores consiguieran la jornada de ocho horas. Los patrones no les regalaron la jornada de ocho horas a los trabajadores: los trabajadores lucharon por ella y la ganaron.

En 1889, en honor a esta lucha, el Primero de Mayo fue declarado fiesta mundial de los trabajadores por una organización internacional de partidos socialistas dedicada a derrocar el capitalismo —el sistema bajo el que vivimos y que se basa en la explotación de todos los trabajadores. Desde los albores del siglo XX, los trabajadores de todo el mundo han marchado por las calles y se han reunido el Primero de Mayo para celebrar los logros de la clase trabajadora. Hoy en día, sigue siendo una ocasión para honrar las luchas de la clase trabajadora del pasado y para alentar las que están ocurriendo en este momento. También sirve como un recordatorio del poder colectivo que tenemos para las batallas que nos esperan, con una pequeña clase de multimillonarios de un lado y miles de millones de trabajadores de todo el mundo del otro.

No tenemos por qué aceptar un mundo gobernado por estos parásitos que explotan a la gente trabajadora para chuparle los recursos al mundo. Esta no tiene por qué ser nuestra realidad. Los trabajadores de aquí y de todo el mundo pueden elegir organizarse y contraatacar. Y el Primero de Mayo es solo un pequeño atisbo del poder que tenemos, una expresión del hecho de que todos los trabajadores estamos del mismo lado, sin importar en qué país hayamos nacido o en qué país vivamos. Un ataque contra los trabajadores en cualquier lugar es un ataque contra los trabajadores de todas partes.

Puede que no todos podamos tomarnos el día libre en el trabajo u organizar que nuestros hijos no vayan a la escuela, pero tenemos que intentar hacer todo lo posible para mostrar nuestra oposición a lo que está pasando: no puede ser como si nada. Podemos hablar con nuestros vecinos y compañeros de trabajo, o llevar insignias en contra de la guerra en Irán o el genocidio en Gaza. Lo más importante es que nos demos cuenta de que depende de nosotros y de nuestras acciones cambiar las cosas —y no de la esperanza de que esto simplemente desaparezca si escondemos la cabeza en la arena, o de que los políticos lo arreglen por nosotros, sin importar cuántas promesas electorales suelten.

Tenemos un poder inmenso si decidimos usarlo. Los trabajadores a nivel internacional son una clase que cuenta con miles de millones de personas. Un día sin trabajadores es un día sin transporte, sin producción de bienes, sin atención médica, sin tratamiento de agua, sin cuidado infantil y mucho más. Cuando los trabajadores dejan de trabajar, el mundo de los multimillonarios se detiene por completo.

Pero quienes dirigen las corporaciones y los políticos que les sirven manejan la sociedad para promover sus intereses. Quieren ocultarnos nuestro poder colectivo. Quieren que nos veamos solo como individuos que compiten entre sí. Nos dicen que si trabajamos lo suficientemente duro y nos matamos a trabajar, podemos mejorar las cosas y aislarnos de lo que está pasando. No es cierto: nosotros hacemos el trabajo, pero los multimillonarios se enriquecen.

Solo hay un camino para garantizar mejores condiciones para nosotros y para los demás. Y es uniéndonos como una clase mundial de trabajadores para luchar por un futuro mejor. El Primero de Mayo puede ser un recordatorio de que hay un futuro diferente a nuestro alcance. Si seguimos organizándonos y movilizando nuestras fuerzas —las inmensas fuerzas de la clase trabajadora—, podemos forjar un futuro diferente.

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